jueves, 7 de marzo de 2013

La raíz del mal - José Ignacio Valenzuela - Reseña

Volvemos a poner los pies en Almahue, tierra lejana y de ojos pequeños que conocimos en la primera parte, Hacia el fin del mundo. Aquel pueblo marcado por la maldición del Malamor tiene todavía mucho por lo que pasar, y no es sino hasta esta segunda parte en la que nos damos cuenta de qué tanto, hasta quedar sorprendidos. 
Ángela decidió quedarse en el pueblo, aferrada a ese bastante repelente y peligroso lugar, tomando montones de riesgos sin saberlo. Aunque todavía no me queda muy claro cómo una fuereña cualquiera despierta la furia del poderoso ser que maldijo el pueblo (y continúa cumpliendo su malvada promesa), convirtiéndose así el centro de la historia, envolviéndonos en sus movimientos, tropiezos y curiosidad desmedida
Hacia el fin del mundo se encargó de ser una historia de paisajes que cautivan y misterios que rayan en la sorpresa, pero de aquella imagen de lugar vacacional, relajación e interés rural no queda mucho, y es que esta segunda parte se encarga de transformar el paisaje para sus propósitos. Una continuación que está llena de momentos difíciles y confusos, secretos que ni el lector sabe, dejando todo tan abierto que inquieta y afecta la estructura. 
La narración sigue siendo bastante visual, pero ahora introduciéndonos a momentos en los que los personajes sienten cosas tremendas y muchas veces definitivas. La estructura completa se encarga de adentrarnos en una idea general, donde lo que cada quien haga se considera importante para bloquear o liberar el ritmo de la historia. Y no puedo dejar de lado la forma en que en ningún momento abandona el sentimiento de desolación o preocupación por lo que va a suceder, aminorando mucho el momento al que se ha referido tanto cuando al fin llega. Contrario a lo que sucede con su imagen que raya en el terror, y que serviría para explicar muchas carencias. 
El misticismo que refiere las apariciones (o la simple existencia) de Rayén posee una pesada cantidad de misterio que muchas veces, al carecer de descripciones por ser lo que es, resulta confusa o poco interesante, aunque deba serlo. Eso y sus ideas desmedidas y enfermas de ira que resultan inexplicables y superan el daño que le hicieron, nos dejan pensando sobre intenciones de seriedad. 
No se niega la información complementaria que da a muchos de los misterios acarreados desde el primero libro a este, pero todo sin resolverlo. Me gusta, eso sí, la forma en que es capaz de introducir tecnología aficionada o la enorme cantidad de normalidad en la protagonista y mezclarlo con la magia más misteriosa y un poder cruel y peligroso, acercándonos, de hecho, a los orígenes de todo un paso más, dejándonos ver cosas aunque no las entendamos. Aquellos argumentos de la lucha entre el bien y el mal de esta historia jamás habían sido tan ventajosos. 
La narración en tercera persona nos hace sentir, como muy pocas veces, lo ajenos que están los personajes a ver lo que ocurre frente a sus ojos, lo que los lleva a meterse donde no deben o creérselo todo a pesar de montones de pistas que indican están en una situación muy sospechosa. 
La raíz del mal continua una historia que se creía cómoda, la transforma en medio del mayor desconcierto y nos deja pensándola todo el tiempo que dure su lectura. Enfrenta nuestros principios contra los de los personajes y sus decisiones repentinas en medio de situaciones difíciles cambian el color con que se veía todo. Caminar por Almahue puede ser difícil con la situación que acontece, pero aquellos destinados a luchar por lo que creen sabrán cómo seguir adelante. 
Un verdadero momento de duda rodeado de maldad. 

La frase: 
Yo guardé el mapa, el mismo que ahora tengo frente a mí. Sé exactamente cómo llegar a la gruta donde, al parecer, se esconde Rayén. 
Las últimas palabras que pronunció Ernesto, antes de acompañarme a la puerta fueron: “Si la ve… si tiene la fortuna de encontrarse con ella… dígale que pienso en ella todas las noches. Y que mi cobarde corazón todavía le pertenece”. 

(2) La raíz del mal, José Ignacio Valenzuela. 378 p. Alfaguara, 2012 

¡Hasta la próxima!

1 comentario:

esa estrella... dijo...

No pinta mal ;) Gracias por la reseña!!

besitos<3